¿Qué hace que rehacer una obra cinematográfica –o de cualquier medio, en realidad– sea válido o tenga sentido? Los remakes cinematográficos que sí valen la pena, y que incluso son considerados mejores que sus referentes, son aquellos que, por lo menos, actualizan las películas originales en algún sentido, sea visual, técnico, discursivo.
En otras palabras, los remakes del cine que más han valido la pena, históricamente, han sido aquellos que han tenido algo nuevo que decir. En algunos grados, incluso al grado de opacar a las originales, que han quedado medio olvidadas.
En Film Club Café hicimos una pequeña selección de películas que, creemos, son mejores (o por lo menos, lo suficientemente distintas y propositivas). Para que lo compruebes por ti mismo, muchas de ellas están en el catálogo de nuestra videoteca en DVD, disponibles para rentar y ver en tu casa si cuentas con tu membresía.

REMAKES DEL CINE QUE SÍ VALEN LA PENA
CARACORTADA (SCARFACE, ESTADOS UNIDOS, 1983)
Una opinión quizá polémica, dado el sitio que ocupan en el canon cinematográfico tanto la original de 1932 como su director, Howard Hawks. Pero de nuevo: la gran mayoría del público asociará el título y apodo de Caracortada al rostro de Al Pacino, que con todo y su cuestionable interpretación de un narco cubano en la versión de 1983, está a la altura de la orgía de violencia y drogas dirigida por Brian de Palma.
Aunque muchos no conocen la original, aún se le tiene como una de las obras maestras en la historia del cine. En un año donde los estudios aún no sabían qué hacer con el cine sonoro y la censura del Código Hays estaba en ciernes, la versión de Hawks logró innovar y contar una apasionante historia de ascenso y caída durante la era de la ley seca, algo todavía muy reciente en la memoria colectiva de los Estados Unidos.
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LOS USURPADORES DE CUERPOS (INVASION OF THE BODY SNATCHERS, EUA, 1978)
Dos películas con premisas –y momentos históricos– curiosamente similares, pero el remake es, en realidad, la versión más conocida. En resumen: entes del espacio exterior llegan a la Tierra y, secretamente, toman control de la ciudadanía, desatando una oleada de sospecha e incertidumbre en los Estados Unidos.
La versión original, La invasión de los usurpadores de cuerpos (EUA, 1956), se inserta de lleno en el clima de desconfianza del Macartismo en la Guerra Fría. La segunda, protagonizada por nombres como Donald Sutherland, Veronica Cartwright, Leonard Nimoy y Jeff Goldblum, fue estrenada en 1978, y es leída más como una crítica al consumismo ciego, lamentando el declive de la contracultura de la década anterior.
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LA COSA DEL OTRO MUNDO (THE THING, EUA, 1982)
Otra de invasiones alienígenas como alegoría de la desconfianza de la Guerra Fría. Basada en la novela corta ¿Quién anda ahí? (Who Goes There?, EUA, 1938) de John W. Campbell, la primera versión de esta película (titulada aquí El enigma de otro mundo) narra la misma historia fundamental: un grupo de hombres en una estación del ártico deben enfrentarse a un invasor que se alimenta de sangre humana.
La icónica versión de John Carpenter toma la misma premisa básica, pero hace del invasor una forma de vida alienígena capaz de imitar –y amalgamar– las formas de sus víctimas. El resultado es un genial delirio de body horror con efectos prácticos que no ha sido igualado ni remotamente por la precuela de 2011.
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LA MOSCA (THE FLY, EUA, 1986)
Hablando de body horror, no podemos dejar fuera a La mosca, aunque la versión posterior (dirigida por David Cronenberg) es considerada tan icónica, que se suele olvidar que existió una versión previa. Y que ambas se basan en el relato homónimo del británico George Langelaan.
Ambas siguen la misma premisa, sobre un científico que experimenta con la transferencia de materia, pero tiene un mortal accidente cuando una mosca entra en su transportador molecular, y ve su fisionomía mutar paulatinamente. Sin embargo, mientras la primera preserva un espíritu de ciencia ficción pulp medio sensacionalista (y tuvo dos secuelas), la versión de Cronenberg es un clásico en sí mismo sobre un hombre enfrentándose a su acelerada degradación e inminente mortalidad.
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EL HOMBRE INVISIBLE (THE INVISIBLE MAN, EUA, 2020)
Dejemos algo claro: nos encantan los Monstruos Clásicos de Universal, y El hombre invisible (EUA, 1933) de James Whale (a su vez basada en la novela de H. G. Wells de 1897) es una de nuestras favoritas. Sin embargo, su remake de 2020 no sólo actualiza la trama para nuestros tiempos, sino que presenta un discurso totalmente distinto.
El hombre invisible de 2020 no es protagonizada por el científico loco en cuestión, sino por Cecilia Kass (Elisabeth Moss), una mujer que logra escapar de su novio abusivo, el prestigioso inventor Adrian Griffin (Oliver Jackson-Cohen), quien aparentemente se suicida. pero conforme Cecilia intenta reconstruir su vida, es acosada por una entidad violenta de origen que no puede explicar, en una historia que habla sobre el trauma, la violencia doméstica y el gaslighting.