6 películas lynchianas (para extrañar menos a David Lynch)

6 películas lynchianas (para extrañar menos a David Lynch)

David Lynch es uno de esos cineastas que dejaron una marca indeleble e inmensurable en el cine, un autor cinematográfico con un estilo inconfundible al grado de que requirió su propia designación en el diccionario: lo “lynchiano”.

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Lynch fue creador de un estilo identificable que hoy etiquetamos como «lynchiano» (Crédito: The Criterion Collection)

Por lo tanto, su muerte el 16 de enero de 2025 dejó un hueco irremplazable en la cinematografía mundial. Sin embargo, su legado llegó para quedarse e influenciar a nuevas generaciones de cineastas que, en mayor o menor medida, han plasmado algo de él en sus filmografías. Para muestra, en Film Club Café seleccionamos estas películas lynchianas para extrañar menos a David Lynch después de su partida del plano terrenal.

PERO PRIMERO, ¿QUÉ ES LO LYNCHIANO?

Pocos se han aventurado a brindar una definición académica de lo que significa lo “lynchiano”, tarea a la vez tan elusiva pero tan puntual como delimitar lo “cronebergiano”, lo “hitchcockiano” o lo “burtoniano”. Podemos entender a la perfección sobre qué estamos hablando, ¿pero podemos ponerlo en palabras?

Uno de los primeros en intentarlo fue el escritor y profesor David Foster Wallace, quien en el ensayo “David Lynch Keeps His Head” de su libro Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer (A Supposedly Fun Thing I’ll Never Do Again: Essays and Arguments, Estados Unidos, 1997), escribió que lo lynchiano “hace referencia a un tipo particular de ironía en el que lo macabro y lo mundano se combinan de tal forma que revelan cómo lo primero está perpetuamente contenido en lo segundo”. Una definición un tanto vaga, pero que ayuda para empezar.

Aunque el adjetivo ha sido incluido en diccionarios como el de inglés de Oxford, su definición no termina de esclarecer las cosas: 

“Característica reminiscente o imitativa de la obra fílmica y televisiva de David Lynch [quien] es notable por yuxtaponer elemento surreales o siniestros con entornos mundanos y cotidianos; y por usar imágenes visuales cautivadores para enfatizar una cualidad onírica de misterio y amenaza”.

Informado por su propia formación como artista plástico—con primordiales influencias de la pintura realista urbana de Edward Hopper, pero también de las angustiantes distorsiones surrealistas de Francis Bacon, así como por las dualidades fantásticas de El mago de Oz (EUA, 1939) y de películas como Persona (Suecia, 1966) de Ingmar Bergman—el cine de Lynch se define por el enrarecimiento provocado por un terror perverso, a la vez cotidiano y onírico, insertado en relatos que trastocan el sentido de realidad narrativa y lo vuelven tan ambiguo como elusivo para la explicación lógica, por medio de sus inquietantes imágenes visuales y sonoras que mezclan lo visceral con lo ominoso.

Aunque todos estos son intentos de una definición. Lo mejor es experimentarlo por ti mismo, así que date una vuelta al Film, pues en el catálogo de nuestra videoteca en DVD podrás encontrar toda la filmografía de David Lynch. Con tu membresía, podrás rentarlas y verlas en tu casa.

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6 EJEMPLOS DE PELÍCULAS LYNCHIANAS

Podríamos afirmar, entonces, que sólo David Lynch era capaz de plasmar lo lynchiano. Sin embargo, su influencia ha marcado a muchos otros cineastas que han intentado crear películas con el mismo tiempo de enrarecimiento inquietante, onírico y perverso, con tal efectividad que podrían haber sido hechas por el mismo director.

Aquí te presentamos seis, algunas de las cuales también podrás encontrar en nuestra videoteca o incluso en nuestra cartelera:

1. SI PUDIERA, TE PATEARÍA (EUA, 2025)

La pesadilla debut de David Lynch, Cabeza borradora (Eraserhead, EUA, 1977), es gobernada por una asfixiante atmósfera de angustia desencadenada sobre el protagonista (Jack Nance) al descubrir que se convertirá en padre mientras vive atrapado en un limbo industrial. Si dicha película es la versión de la experiencia masculina, Si pudiera, te patearía (If I Had Legs, I’d Kick You) podría ser su hermana o hija para experiencia materna.

Con un tono de comedia mundana pero perversa que, de hecho, también recuerda a otras obras de Lynch como Terciopelo azul (Blue Velvet, EUA, 1986), esta película sigue a una terapeuta (Rose Byrne, premiada en la Berlinale por el papel) abrumada por sus responsabilidades: debe cuidar de una hija dependiente y enferma, su esposo está trabajando fuera de la ciudad y se ve obligada a vivir en un motel cuando, de la nada, una inundación abre un extraño agujero en el techo de su departamento. El declive de su estado mental la conduce, poco a poco, a perder su contacto con la realidad y tomar decisiones cada vez más erráticas.

Se trata de una experiencia intensa y angustiante cargada por la interpretación de Byrne y una cámara que constantemente la acompaña. Si pudiera, te patearía está actualmente en nuestra cartelera, consulta la programación y reserva tus boletos para no dejarla pasar.

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2. TETSUO, EL HOMBRE DE HIERRO (JAPÓN, 1989)

Lo dicho: las ansiedades paternas, frustración sexual, soledad y alienación industrial con una saludable dosis de body horror y terror surrealista son algunos de los ingredientes en Cabeza borradora. Si es tu favorita en su filmografía, tienes que ver Tetsuo, el hombre de hierro (o sólo Tetsuo).

El primer largometraje del director japonés Shinya Tsukamoto, y uno de los más emblemáticos del cyberpunk japonés, podría ser mejor descrita como el hijo bastardo de dos Davids: Lynch y Cronenberg, con un elemento sexual más marcado y grotesco—que haría eco décadas más tarde en Titane (Francia y Bélgica, 2021), de Julia Ducournau. Sin embargo, la deuda está clara: desde la fotografía en blanco y negro hasta las ansiedades industriales—aquí expresada en la transformación absoluta de un salaryman (Tomorowo Taguchi) en máquina—, esta película lleva el concepto de lynchiano a su forma más extrema y audiovisualmente agresiva.

3. OJOS BIEN CERRADOS (EUA Y REINO UNIDO, 1999)

En lo que concierne a la cinematografía mundial, la figura de Stanley Kubrick es incluso más monolítica que la de David Lynch, pero no podemos negar que se impactaron mutuamente. Curiosamente, la película favorita del primero era Cabeza borradora. Es conocida la anécdota de que mostró la película a su equipo antes de filmar El resplandor (The Shining, EUA y Reino Unido, 1980), para “ponerlos en el ánimo”.

Sin embargo, argumentaríamos que su película final, Ojos bien cerrados (Eyes Wide Shut) es todavía más lynchiana. Un thriller de tintes psicosexuales en el que un hombre (Tom Cruise), tras descubrir que su esposa (Nicole Kidman) consideró el adulterio, se embarca en una aventura de una noche que lo lleva a infiltrarse en la orgía de una sociedad secreta. Excepto que la experiencia es inquietante y no se siente del todo real a pesar de una perversidad tangible en sus imágenes y atmósferas sonoras.

4. EL MISTERIO DE SILVER LAKE (EUA, 2018)

La etapa posterior de la filmografía de David Lynch es marcada por historias de misterio en clave de neo-noir, y situados alrededor o dentro del propio Hollywood, siendo Mulholland Drive (EUA, 2001) su más emblemática y formando una suerte de trilogía con Carretera perdida (Lost Highway, EUA, 1997) y El imperio (Inland Empire, EUA, 2006). Con El misterio de Silver Lake (Under the Silver Lake), el director David Robert Mitchell (conocido por Está detrás de ti) hace más que lucir esas influencias sin pena, pues abraza e intenta replicar el estilo lynchiano con relativo éxito.

La trama sigue a un holgazán (Andrew Garfield) que es seducido por su intrigante vecina (Riley Keough), quien desaparece sin dejar rastro alguno a la mañana siguiente. Su investigación para encontrarla la conduce a los bajos mundos de California, repleto de personajes bizarros y acontecimientos inexplicables, todo con ecos de Naomi Watts y Robert Blake.

5. PIENSO EN EL FINAL (EUA, 2020)

El guionista y posteriormente director Charlie Kaufman es otro cineasta en el que podemos ver la marca de Lynch, de formas esporádicas en unas películas más que en otras. Pero incluso en la menos lynchiana de todas podemos encontrar elementos en común entre ambos, como identidades dobles o fragmentadas, situaciones extrañas y perturbadoras, además de un sentido del humor inquietante.

En ninguna más que en Pienso en el final (I’m Thinking of Ending Things), en la que una joven mujer (Jessie Buckley) viaja con su novio (Jesse Plemons) a visitar a los padres de éste (Toni Colette y Davis Thewlis), en una cena que se desarrolla como una escena en la logia negra de Twin Peaks (EUA, 1990-1991, 2017). Sus pensamientos sobre terminar la relación, sin embargo, son misteriosamente interrumpidos siempre que comienzan, la punta del iceberg en una serie de eventos que esconden una verdad más extraña y… metafísica, por ponerlo de alguna manera.

6. VI EL BRILLO DEL TELEVISOR (EUA, 2024)

Jane Schoenbrun, cineasta no binarie, también tiene una profunda influencia de David Lynch. El día de su fallecimiento, escribió un tributo en X: “Como Kafka y Bacon, dedicó su vida a abrir un portal. Él fue el primero en mostrarme otro mundo, uno bello de amor y peligro que había percibido pero no había visto jamás fuera de mis sueños”. Y es pertinente la mención de Twin Peaks pues, con inspiración en la serie, Schoenbrun creó su largometraje más conocido hasta el momento, Vi el brillo del televisor (I Saw the TV Glow).

La trama sigue a un par de adolescentes inadaptados, Owen (Justice Smith) y Maddy (Jack Haven) que, en los 90, hacen amistad por su gusto compartido por una serie de televisión juvenil de fantasía, The Pink Opaque). La amistad se deteriora y Maddy desaparece, sólo para resurgir años después convencida de que la narrativa de la serie ha comenzado a infiltrarse en la realidad.

Schoenbrun ha hablado con orgullo sobre las influencias que Twin Peaks tuvo sobre su película sobre la identidad trans, afirmando que la críptica conclusión de la segunda temporada fue la semilla para su guión. Tanto la serie de Lynch en su tercera temporada como la película de Schoenbrun brindan inquietantes imágenes suburbanas para comentar sobre nuestra relación con las imágenes y medios que consumimos e idealizamos por su rol en forjar nuestras identidades. Y cómo las memorias creadas por ellas pueden pervertirse y convertirse en monstruosidades con el paso de los años.

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