Nacida en Barcelona pero criada en el pequeño pueblo catalán de Les Planes d’Hostoles, Carla Simón es una de las cineastas más celebradas de la actualidad, a pesar de su brevísima filmografía. Ganadora del premio a la Mejor ópera prima en la Berlinale por Verano 1993 (España, 2017), luego de un Oso de Oro en el mismo festival por Alcarràs (España e Italia, 2022), la directora está de regreso en nuestra cartelera de estrenos con Romería (España y Alemania, 2025), que marca la culminación de la exploración profundamente personal que ha emprendido a través de los tres largometrajes.

Es una filmografía tan breve (hasta ahora) que se trata de un excelente momento para descubrirla, y a pesar de que sus tres películas se inspiran en las experiencias vitales de la directora—con laxas conexiones cronológicas—, cualquier punto es bueno para empezar. A continuación te brindaremos una breve introducción a las tres películas de Carla Simón y las claves para entender su filmografía.
TODO LO QUE DEBES SABER SOBRE LA FILMOGRAFÍA DE CARLA SIMÓN
SUS PELÍCULAS
En varios sentidos, las películas de Carla Simón han sido un ejercicio de explorar la memoria familiar y de llenar los huecos en su historia personal por medio del cine.
Verano 1993, Alcarràs y Romería forman lo que la cineasta llama “Tríptico de la memoria”, con cada largometraje inspirado en un aspecto y período particulares de su infancia y juventud.
VERANO 1993
El largometraje debut de Carla Simón está manifiestamente inspirado en el período de su infancia que definiría el curso de su vida. La trama sigue a Frida (Laia Artigas), una niña de seis años que ha quedado huérfana tras la muerte de su madre, por lo que se muda de ciudad para iniciar una nueva vida al cuidado de sus tíos. Mientras atraviesan la pérdida, su nuevo padre (David Verdaguer) y madre (Bruna Cusí) adoptivos deben también cuidar de su pequeña hija (Paula Robles), y lidiar con el proceso de adaptación de la niña, que apenas comienza a entender la muerte.
Carla Simón define a Verano 1993 como la historia de la familia de su madre biológica y su padre adoptivo, abordando un lado de su vida familiar y el proceso mediante el que una niña hace sentido de la pérdida y la ausencia.
ALCARRÀS
También inspirada en las vivencias de Simón, y aunque situada en un período similar de su vida respecto a su primera película, Alcarràs es una obra coral que explora otro aspecto de la vida en familia en la Cataluña rural. La película sigue una crisis en la historia de la familia de su madre adoptiva.
La trama arranca con una reunión de la familia Solé, quienes se enfrentan a un problema: durante generaciones, han vivido de cultivar duraznos en tierras concedidas verbalmente por la familia Pinyol durante la Guerra Civil española. Pero el heredero de la familia está reclamando las tierras y, sin un respaldo legal, los Solé se enfrentan a lo que podría ser el fin de su modo de vida.
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ROMERÍA
El título del tercer largometraje de Carla Simón no es una coincidencia: una romería es un peregrinaje religioso o, como sucede en la película en cierto modo, espiritual.
La película sigue a Marina (Llúcia Garcia Torras), una joven que requiere los certificados de defunción de sus padres para un trámite universitario, por lo que viaja a Vigo, Galicia, con una cámara y el diario de su madre en manos para conocer a la familia de su padre biológico, con la que perdió todo contacto tras la muerte de sus padres. Sin embargo, lo que encuentra es una familia afectada por los prejuicios y los secretos.
Romería se estrena en Film Club Café el 18 de junio de 2026 y tendremos varias funciones a lo largo del mes y hasta inicios de julio. No la dejes pasar: consulta las fechas y horarios para reservar tus boletos.

TRES CLAVES DE SU CINE
LOS NEXOS FAMILIARES
Por si las tramas de sus tres largometrajes no lo dejaban claro, las relaciones familiares y su complejidad forman el corazón de Verano 1993, Alcarràs y Romería, las tres películas que conforman la filmografía de Carla Simón hasta ahora.
“Para muchas personas, la familia es algo que simplemente está ahí, pero para mí, esas relaciones debieron ser construidas. Nunca di por hecho a mi familia, y he analizado la mía con una distancia que no todos tienen”, dijo Simón en entrevista. “Hay un profundo amor en la familia, pero también muchas heridas, traumas y aspectos difíciles de manejar. Y en esa mezcla hay bastante material para contar historias humanas”.
Las familias en el cine de Carla Simón no son convencionales ni sólidas. Son núcleos sacudidos por la pérdida, marcados por los tabúes, las crisis y los resentimientos, y tanto puede haber nuevos lazos forjados por el amor, como vínculos rotos por la distancia y la ausencia.
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LA ESPAÑA DEMOCRÁTICA, LA SOMBRA FRANQUISTA Y DEL SIDA
La historia personal de Carla Simón está profundamente enraizada en la generación de sus padres y su muerte por (alerta de spoiler) la pandemia de SIDA de los 80 y los 90. Las repercusiones de la misma hacen eco tanto de un período de redescubierta libertad en la España posfranquista, como por las sombras del régimen fascista.
“[Romería] es una película sobre la memoria de la generación de mis padres, que fueron jóvenes durante los 80 en España”, ha explicado la directora. “Esta fue una época muy hermosa porque pasamos de una dictadura a una democracia y porque llegó la libertad”.
El período, como señala la directora, fue marcado por un rompimiento con los valores católicos de la sociedad española durante el régimen de Franco, conduciendo al período de experimentación y libertad contracultural conocido como “La movida madrileña” que, no obstante, “también trajo consigo una crisis de heroína, que hizo de España el país con mayor tasa de muertes relacionadas con el SIDA en toda Europa. Estas historias, sin embargo, a menudo han sido silenciadas”.
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LA RECONSTRUCCIÓN DE LA MEMORIA
Para Carla Simón, la realización de los tres largometrajes ha sido una profunda exploración de su historia personal o, mejor dicho, de los huecos insalvables en la misma: la historia de amor de los padres que no conoció, las circunstancias—y tabúes—alrededor de sus muertes, y el hecho de que la familia, a veces, prefiere ocultar los hechos más que arrojar luz sobre ellos.
Romería, en particular, culmina un viaje para llenar los vacíos en la historia familiar, que Simón entiende como fundamentos cruciales para forjar la propia identidad. ¿Pero es posible crear memoria donde no la hay?
“¿Qué sucede cuando no tienes esa historia y nadie a tu alrededor puede decirte, satisfactoriamente, de dónde vienes y quién eres?”, plantea la cineasta. “En mi caso, el cine ha sido la herramienta que me ha permitido inventarla, construirla para mí misma. Las imágenes que he creado están basadas en lo imaginado, pero una vez capturadas en la pantalla, se vuelven reales (…). El cine me ha dado la posibilidad de inventar mi propio relato y poder vivir en paz con mi historia”.
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